El idioma inglés se caracteriza por palabras y expresiones que han hecho fortuna en castellano, a pesar de que en muchas ocasiones están traducidas literalmente. No voy a poner ejemplos, porque parecería más pedante incluso de lo que soy, y de lo que sin más artificio ni aparato denota la temática y el título de esta entrada. Pero sí voy a centrarme en una construcción interesante: La que adosa al omnipresente verbo TO DO el adverbio de modo WELL. Es una expresión que deberían traducirse mediante las expresiones en español “ ir bien” o “evolucionar adecuadamente”, o incluso “satisfactoriamente”. Lo que me hacen traerlas a este blog, creado y mantenido por psiquiatras (qué se le va a hacer) es que no es raro encontrarla en los casos clínicos y cartas al director para describir cómo ha ido/evolucionado/ se ha desarrollado un determinado caso después de la intervención diagnóstica/terapéutica/ accidental que se describa esa pieza de literatura psiquiátrica.
Cada vez que se aproxima uno a otro idioma, aunque tenga un razonable conocimiento del mismo, corre el riesgo de traducir literalmente sus expresiones. Por ejemplo, uno podría traducir erróneamente TO DO WELL como “hacerlo bien”, lo que tiene un tufillo moral del que carece en el original inglés. Más aún, algunos trabajos emplean la expresión paralela “TO DO BEAUTIFULLY”, que en un spanglish psiquiátrico podría convertirse en “hacerlo bonito”, lo que une a la connotación moraloide un elemento estético muy curioso.
Ahora bien, más allá de la anécdota, uno tiene la impresión de que el hecho de que un psiquiatra español traduzca erróneamente la expresión tiene mucho que ver con el poso que en nuestro subsconsciente siguen teniendo las clásicas instituciones psiquiátricas. Esos grandes hospitales, masificados, en los que se ha construido el saber (o no saber) psiquiátrico, nosocomios donde los grandes clínicos aislaron los principales síndromes y donde se pusieron a prueba las técnicas terapéuticas más eficaces y también las más disparatadas. Esos manicomios que hoy criticamos, con el aire del enteradillo que se permite juzgar retrospectivamente a personas que no disponían de los conocimientos que hoy creemos válidos y sólidamente fundamentados, y en donde los pacientes eran sometidos a unas rutinas y a unos tratamientos (o no tratamientos) que consideramos inapropiados y deshumanizantes desde atalaya de prepotentes profesionales de nuestros días. Sin embargo, en la modesta opinión de quien suscribe, ese modelo asistencial, más de correccional o de internado rottenmeyeriano, impregna, por mucho que no queramos notarlo, la práctica cotidiana en los más modernos, renombrados y qudeorificables centros de nuestros días.
Un ejemplo son las frases como “satisfactoriamente adaptado” o “no crea problemas”, que se han expandido desde los centros de larga estancia a otros dispositivos de internamiento menos prolongado. También hay que hacer referencia en este sentido al muy abstracto concepto de “majo”, que se aplica a ciertos enfermos y que nada tiene que ver con su acepción goyesca. Hace unos años, cuando trabajaba en un centro de media y larga estancia, una paciente que pretendía que le aumentara sus salidas, me dijo “doctor, me tiene que hacer caso, que llevo una temporada muy maja”, lo que para ella, buena conocedora de la filosofía asistencial del centro, representaba un argumento incontestable en apoyo de su demanda. Deducimos, pues, que el paciente “majo” es el que no genera quebraderos de cabeza, el que se adapta al medio institucional, sin provocar contratiempos. No hace un mes que desde una moderna y prestigiosa unidad de agudos me han justificado el alta de un paciente aduciendo que estaba “majo”.
Todo este rollo pretende sustentar mi convicción de que cuando traducimos “do well” por “hacerlo bien” estamos perpetuando el modelo asistencial que creíamos (fantoches de nosotros) corregido y erradicado. Y ahora no hay monjas a las que culpar de nuestra actitud paternalista y un tanto desidiosa.
Pero al margen de retratar nuestro egoísmo y nuestras carencias, estas expresiones sugieren un vasto campo que reclama nuestra atención científica. Estos vicios nuestros revelan que existe entre los profesionales psiquiátricos (y enfermeriles o psicológicos), un saber compartido acerca de lo que es el buen paciente, o el paciente adaptado, el eupaciente, si vale el término. Por lo tanto, hay desarrollar una rama del saber asistencial que estudie, clarifique y defina los conceptos de “hacerlo bien” y “no crear problemas”, al tiempo que avance en la identificación y conceptualización del paciente “majo”. Alcanzaremos el clímax científico el día que seamos capaces de elaborar unos criterios operativos que permitan etiquetar de majo a un determinado paciente con un elevado acuerdo interobservadores. Me atrevería a proponer para esta nueva disciplina, para este auténtico reto epistemológico, el nombre de Eupsicología Institucional. Sería un área que complementaría, sin sustituirla, a la clásica Psicopatología, porque estar “majo” no implica carecer de síntomas. Si mis conocimientos de griego lo permitieran, propondría también nombres técnicos para “majo” o para transmitir, en una sola palabra, la idea de “no crear problemas” tirando de vocablos y prefijos helenos. Lamentablemente, no lo permiten.
Aromas de mistura
Hace 1 día
2 comentarios:
Yo tengo uno bueno, bueno....El paciente ahora está compensado.
(¿¿¿¿?????). Sospecho que no tiene nada que ver con retribuciones de ningún tipo.
Uno de los palabros más usados en los informes psiquiátricos es COLABORA o NO COLABORA. Colabora con el médico bajando la cerviz o patalea.
Publicar un comentario en la entrada