El valor que damos a la vida como bien absoluto es probablemente exagerado. Al fin y al cabo, lo que tenemos en común los seres humanos es que nos vamos a morir, tarde o temprano. Así que en definitiva, a lo que se da tanto valor no es la vida, sino a morir lo más tarde posible. Teniendo en cuenta que la muerte es solo cuestión de tiempo, y el tiempo, una vez que pasa, carece de valor alguno, no parece que la duración de la vida debiera tener tanta importancia.
Con el sufrimiento, sin embargo, no pasa lo mismo. La muerte es universal, y probablemente casi siempre una situación miserable. Pero aunque una muerte miserable sea algo común al ser humano, una vida miserable no lo es forzosamente. Así que me siento más inclinado a abominar de las personas y grupos de personas que, con cualquier excusa, amargan la vida al personal y provocan sufrimiento gratuito (o no tan gratuito, que todo depende de quien ponga el precio) que a las que se limitan a matarlas. El terrorismo, por ejemplo, tiene como principal arma no la muerte, sino el sufrimiento: vivir con miedo, amenazado, humillado...Terroristas y torturadores, que comparten estrategia: no les vale con matar, tiene que hacer sufrir. Es curioso, en todo caso, que los mismos colegas de sadismo protesten y rechacen las mismas estrategias que ellos usan ...y que los terroristas se posicionen (con la ayuda bienintencionada o tergiversada de diversos grupos que presumen de humanitarios) en contra de su propia esencia de máquinas de hacer sufrir; el torturador protesta contra la tortura.
Dicen que la medicina lucha contra la muerte, valiente majadería. La muerte es inevitable. Parece mentira que haya que recordarlo. Pero el sufrimiento no. Decía Pert Skrabanek en su libro La Muerte de la Medicina con Rostro Humano: "El papel de la medicina no es vencer a las enfermedades y a la muerte, sino aliviar el sufrimiento, limitar el mal y allanar el doloroso viaje del hombre hacia la tumba"
Aromas de mistura
Hace 1 día
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