domingo 15 de febrero de 2009

Ojos que no ven....

Hace ya tiempo coincidí en un aeropuerto con un buen amigo, cuya inteligencia aprecio de forma especial. Al hilo de algún incidente reciente sucedido en la tierra de los baskos y las baskas (eufemismo para referirme a un atentado terrorista), mi amigo me preguntaba cómo era posible vivir tantos años con dicha historia, convivir con ello, y a la vez pasar por un país normal. Y yo le decía que porque existe un pacto no escrito entre nuestros gobernantes y los servicios que los gestionan, y los ciudadanos, para vivir como si esto no fuera con nosotros. Y esto no es fácil, claro, requiere de bastantes energías tanto para esconder los cristales rotos y los cadáveres como para mirar para otro lado. Pero con los años nos hemos arreglado para hacerlo bastante bien, e incluso atraer al turismo. Es como la basura; solo somos conscientes de que existe cuando se deja de recoger un par de días, o cuando pasamos por algún vertedero. O con los accidentes de coche; ¿podemos imaginar qué sucedería si durante un mes, por ejemplo, no se retiraran los coches accidentados y los cadáveres originados de las carreteras??. Seguro que iba a ser más eficaz que cualquier campaña de la dirección de tráfico. El caso es que ante la eficiente labor de los basureros, de las gruas de tráfico, de las ambulancias y de los enterradores e incineradores, la vida sigue como si nada pasara. Los coches circulan, las basuras transitan, los muertos reposan y los vivos siguen su vida, ajenos, consciente y/o inconscientemente a la tragedia cotidiana de la vida.
Ayer una nueva manifa de la llamada izquierda radical destrozó medio Bilbao. Y yo volvía a pensar en lo mismo en que pienso cada vez que algo de esto sucede; que entre los ciudadanos y nuestros gobernantes debería llegarse a un nuevo pacto. Durante unos meses no reparar ningún destrozo, no arreglar las ventanas de los edificios reventados por las bombas, no retirar los autobuses incendiados de las carreteras, dejar los cadáveres de los asesinados en el sitio en el que han caído, a merced de la intemperie. Para bien o para mal, esa es la realidad, y no la que vivimos, un mundo mágico en la que las basuras, los muertos y los destrozos desaparecen como por arte de magia. Y se olvidan.
Esto da también qué pensar en la manera en como funciona la percepción en los seres humanos y la enorme facilidad para el autoengaño. Seguro que también va en nuestros genes. A veces pienso que la depresión no es realmente una enfermedad (me refiero a la depresión "de verdad"), sino un estado de verdadera clarividencia, de lucidez, en el que las personas deprimidas se liberan de los decorados elaborados por nuestros cerebros para construir un escenario vital con sentido, con destino, incluso con trascendencia. Y claro, lo que ven es pura desesperanza, atroz sinsentido y el vértigo del vacío más crudo.
Estaría bien que las personas que matan, destrozan, incendian, amenazan, extorsionan etc. tuvieran en algún momento ese instante de lucidez. Vieran cómo es el mundo en realidad; las basuras, los muertos, los cristales rotos, las lágrimas, la desesperanza...Y se asomaran al abismo que nos espera, a todos, y a todas.

1 comentarios:

acraciacosmopolita dijo...

Gran post. Pero es+ una partida sota caballo rey. De mentira nada... está todo muy pensado dada la fobia a los espacios abiertos del Nacionalismo y su querencia100% x los cuchitriles "entrañables". La limpieza, ah¡ la higiene! del gobernante, un medio más para adormecer a la mayoría,arrinconar al disidente,y, alicatar la aldea xenófoba que con su procaz y estereotipada alegriaya disfruta la tribu. Depresión ja¡ Antes mejork mañana. El plan no es engaño,es elección. Y la depresión un bloqueo,a veces culpad traicionar a los suyos. El hombre es ansí. Su Muerte Maltusiana. Tiene graciar qde su apego a la claustrofobia acaben devorados xellos mismos. Es la tribu,ignota.