domingo 20 de septiembre de 2009

Memes y Vida

El concepto de Meme lleva dando vueltas por el mundo más de 30 años. Lo puso en circulación Richard Dawkins en su libro El Gen Egoista de 1976 y se define como una serie de   instrucciones para llevar a cabo determinada conducta que se almacenan en nuestros cerebros y otros lugares (libros, discos duros, etc) y que se transmiten por imitación. Un meme puede ser una melodía pegadiza, un chiste, una coletilla del lenguaje (“pues va a ser que no”, por ejemplo), un invento, un giro de la moda (enseñar los calzoncillos) o en general cualquier idea que aparece y se extiende como si fuera una auténtica epidemia. El meme sería la unidad de transmisión cultural. Algunos autores muy entusiastas como Daniel Dennett o Susan Blackmore han desarrollado la idea creando toda una disciplina, la Memética, que se ocupa de los diferentes aspectos relacionados con los memes. El eje del pensamiento sobre el que gira esta  teoría es que los memes son replicadores exactamente igual que los genes sujetos también a la selección natural. Las condiciones básicas sobre las que actúa la selección natural son herencia, variación y selección y estas tres condiciones se dan en el caso de los memes. Un chiste por ejemplo se transmite y hace copias de sí mismo que llegan a otros cerebros al contárselo una persona a otra o a una audiencia. Pero los chistes van variando al transmitirse de una persona a otra ya que no se cuentan exactamente igual siempre. Y, por último, existe selección porque existen miles de chistes que quieren ser transmitidos por nuestros cerebros y no hay sitio para todos (no hace falta decir que los que más éxito tienen son los de sexo y eso es porque la evolución de nuestra psicología ha hecho que el sexo nos interese mucho).  En El Gen Egoista Dawkins nos enseñó que existen replicadores (genes) y vehículos (nosotros mismos) y que los que dirigen los hilos son los genes, los vehículos no somos más que una herramienta que utilizan los genes para hacer copias de sí mismos. Si a mí me gusta tener relaciones sexuales o comer es porque eso sirve a los  genes para hacer copias de sí mismo. Dicho gráficamente: una gallina no es más que la herramienta que utiliza un huevo para hacer más huevos. Pero aparecen los memes y se nos dice que la cultura se transmite y avanza debido a la selección de los memes y que tenemos que ver el mundo también desde el punto de vista de los memes que son los que llevan los hilos de la cultura. Dicho gráficamente también: un erudito no es más que la herramienta que utilizan las bibliotecas para hacer más bibliotecas. Lo mismo que la selección de los genes crea diseño (ojos elefantes, personas) a partir de proteínas y de elementos muy sencillos sin un diseñador, la selección de los memes crea también diseño (ordenadores, libros, religiones, teorías científicas o lenguas) sin que intervenga un diseñador.
Y aquí es donde se encuentra el meollo de la cuestión, y la explicación de que la Memética se siga paseando por  el limbo de la ciencia, en la dificultad para  entender que los memes son seres vivos a los que sólo les interesa su propia replicación. Esta idea es contraintuitiva y se resiste a entrar en nuestra cabeza. Pero tal vez tengamos que reconsiderar nuestra idea de la vida y de lo que es un ser vivo. Porque la vida es información, la vida no es más que un programa con una serie de instrucciones escrito con DNA en vez de estar escrito con COBOL o con C+++. Pero el DNA no es la única forma de transmitir instrucciones. Cualquier cosa que sea capaz de escribir las instrucciones para hacer copias de sí mismo debería ser considerado un ser vivo. Los priones, por ejemplo, responsables de la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob son sólo proteínas y son capaces de infectar y de transmitirse. ¿Son seres vivos? Lo que parece claro es que los memes son trozos de información y los genes también. A partir de ahí tú decides...

lunes 31 de agosto de 2009

Millenium y Vidas Ejemplares

Entre mis lecturas veraniegas me he tragado, con nauseabundo deleite, los tres tomos de la saga Millenium, el gran éxito literario del año magníficamente orquestado y marketinizado por los hilos de las grandes editoriales, medios de comunicación e industria del entretenimiento. Hasta el propio Vargas Llosa ha publicado un entusiasta comentario en las páginas del País, elogiando sin reparos las novelas de la saga. Pues a riesgo de ser pedante y de contradecir a Vargas Llosa y a la inmensa mayoría de los lectores de este país, yo me he leído la trilogía completa y difiero sustancialmente en sus apreciaciones. El libro, o mejor dicho, los tres libros, constituyen una suerte de libro de texto de educación para la ciudadanía, de una exquisita corrección política disfrazada de aparente pero burda provocación. Algo similar a las "Vidas Ejemplares", una colección de tebeos que se publicaban en mi infancia, alla por los años 60, cuya función primordial era la de inculcar valores más o menos nacional-católicos, con vidas de mártires y vírgenes (o sea, también utilizaban la violencia y el sexo para inclucar valores e ideologías).
Me explico; la saga Millenium es como las hamburguesas. Está bien hecha, y se lee con facilidad, y la trama engancha. Engancha porque se come muy fácil y rápido, aunque los libros sean gruesos (exactamente como las hamburgueas, que todo hay que decirlo, a mi me gustan de cuando en cuando). La trama está llena de situaciones más o menos intrigantes, pero que siempre se resuelven en las 4 o 5 páginas siguientes, para no impacientar al lector, que así sigue jamándose el tomo ávido de la siguiente situación. El argumento es sólo relativamente ocurrente; de hecho el segundo volumen contiene muchos plagios a la saga Kill Bill (cuál se escribió antes?), incluyendo la salida de la tumba de la protagonista. En este caso, lógicamente, no hay color, teniendo en cuenta que la que sale de la tumba en Kill Bill es Umma Thurman...Pero bueno, todo esto no es lo peor. Lo peor del asunto es que las tres novelas constituyen un libro de texto de educación para la cuidadanía, con todos los valores progres presentados como deseables y buenos. Los protagonistas son estereotipos sin vida que carecen de la más mínima complejidad característica de la novela negra de verdad, progres pero que viven como dios, conducen Saabs, tienen casas en el lago, comen en todo tipo de restaurantes más o menos exóticos y presumen de usar Mac en lugar de los pecegüindous sin glamour. La propia Salander es una especie de Asperger asocial, pero claro, encantadora, superinteligente (con superpoderes casi al nivel de los superheroes de la Marvel), maltratada por los hombres, y lesbiana/bisexual. Otra de las protagonistas mantiene una relación adúltera con el héroe de la novela, consentida comprensivamente por su marido, comprensión que se muestra como el colmo de la tolerancia y la modernidad. Por supuesto, todos los malos de la trilogía son chicos. Y el toque final, el culmen de la trilogía, el momento crucial en el que se enfrentan el bien y el mal absolutos en el jucio contra Salander...pues claro, el malo malísimo, el que representa todo lo odioso y maligno, pedofilia incluida es hombre...y psiquiatra!!, el odioso Dr Teleborian. Y la buena buenísima, la que representa los mejores valores de la tolerancia, la inteligencia, la integridad...es mujer, abogada....y psicólogo. Tócate los cojones. Esta novela es mierda por todos los lados, es un supositorio ideológico progre vomitivo. Y como novela negra, de risa para quien haya leido a Dashiell Hammet, o a Patricia Highsmith. Las hamburguesas no se merecen esta comparación. Pese a quien pese, Mario Vargas Llosa incluido.

jueves 6 de agosto de 2009

Error, Tragedia y Perdón

En el plazo de unos días los medios de comunicación han recogido con profusión dos noticias de gran impacto que comparten no sólo sus trágicas consecuencias, sino también una distribución aparentemente clara de los roles de víctima y de culpable entre las personas que los protagonizaron. El primer caso, el de la joven enfermera del hospital Gregorio Marañón, que a falta de delimitar responsabilidades adicionales ha cargado con la culpa de la muerte del pequeño Rayán, y ha despertado una respuesta corporativa de la enfermería española sin antecedentes ni parangón. El otro, el de la madre de Getxo que, en un cúmulo de circunstancias adversas casi irrepetibles, olvidó en el coche a su hijo de tres años, que murió a causa del calor.
En ambos casos son fáciles de identificar las víctimas, inocentes e infantiles. Y también se ha identificado rápidamente a los culpables. Dos personas adultas, cuyos respectivos descuidos, errores o equivocaciones han deparado el fallecimiento de los niños, con la circunstancia añadida de que su función de cuidado (profesional o maternal) de los fallecidos hace que su vinculación con las muertes sea más chocante, incluso inquietante. Pero dos personas adultas de quienes cabe decir que han cometido un error o una equivocación, nunca un acto perverso o malvado, o con la intención de hacer daño. Un matiz que puede perderse en el cúmulo de declaraciones y opiniones de estos días.
El personal sanitario se ve sometido diariamente a una gran sobrecarga, y debe tomar decisiones con rapidez y razonable seguridad en situaciones de incertidumbre, al tiempo que su tarea se hace cada vez más compleja, y crece la exigencia de resultados. En estas circunstancias, la convivencia con la posibilidad del error irreparable es una parte del trabajo cotidiano. Es evidente que la constatación de que el error es una posibilidad cierta no puede dar lugar a una actitud fatalista e impasible, por lo que es necesario desarrollar mecanismos para evitarlo y para alentar el trabajo correctamente realizado. Pero también es evidente que hay que tener en mente que la ausencia absoluta de errores humanos es imposible. Esto es algo que no sólo es aplicable a los pacientes que puedan resultar damnificados, sino a los propios profesionales, que deberíamos adoptar una actitud más humilde ante los fallos, previsibles o no, en nuestro ejercicio profesional, y abandonar una actitud pretendidamente omnipotente y omnisciente que tan a menudo caracteriza la relación del sanitario con el paciente. Como han demostrado estudios realizados en un entorno tan judicializado como el norteamericano, la simple petición de disculpas por parte del médico previene quejas y denuncias.
El ajetreo y el ritmo infernal de nuestras vidas hace muchas veces difícil que la pretendida conciliación de la vida familiar con la laboral sea un hecho. Las familias tienen que hacer muchas veces grandes sacrificios o equilibrios de agenda muy meritorios. Y deben sobrevivir a las eternas vacaciones escolares de los hijos, que en muy raras ocasiones se pueden sincronizar con las de los padres. Ajustar los horarios, las actividades, es muchas veces un ejercicio casi imposible, extremadamente estresante y a su vez generador de cargas y trabajos para abuelos que no siempre se encuentran en las mejores circunstancias para acometerlos. Cuando el equilibrio es precario pueden sobrevenir errores, olvidos de trágicas consecuencias.
odos los que hemos conocido estos hechos tan insólitamente desafortunados deberíamos intentar ponernos en el pellejo de todas sus víctimas. Porque no sólo son víctimas los niños fallecidos, sino que también lo son las personas identificadas como culpables o responsables, que son al tiempo víctimas de esa culpa, de esa responsabilidad e, igualmente, de la reacción social y mediática en torno a ambos casos. Y deberíamos realizar ese esfuerzo de empatía, porque todos somos potenciales equivocados, potenciales cometedores de errores, de olvidos, de equivocaciones. ¿Quién de nosotros no ha pensado alguna vez en lo estupendo que sería tener en la vida una opción de 'deshacer' lo hecho, como tienen los ordenadores? ¿Quién no ha soñado con tener otra oportunidad, un truco que nos permita desandar el camino, volver hacia atrás y reparar, o mejor aún, rehacer sin errores, una decisión o una actuación que ha tenido consecuencias imprevisibles en el momento en que la acometimos? ¿Y qué conductor no se ha maravillado de su suerte cuando una maniobra inoportuna o incluso imprudente no ha desencadenado un trágico accidente?
En sucesos como los que comentamos, todos son en su medida víctimas. Y ante las víctimas sólo cabe la piedad, el apoyo, la reparación y, siempre que sea posible, una nueva oportunidad para rehacer su vida. Rayán y el niño de Getxo no tendrán esta última oportunidad. Pero para la enfermera y la madre del niño todavía puede haber esperanza. Y la esperanza se llama comprensión y perdón. Y comprendiendo y perdonando nos comprendemos y perdonamos a nosotros mismos.
http://www.elcorreodigital.com/vizcaya/prensa/20090806/opinion/error-tragedia-perdon-20090806.html

jueves 23 de julio de 2009

El otro lado: Pacientes y Sanitarios

La relación entre los pacientes (o clientes, o usuarios, o usuarios y usuarias, como os parezca mejor) y el personal sanitario no es un asunto sencillo. Es un tópico decir que en los últimos años esta relación se ha hecho crecientemente compleja y tensa, presionada por las crecientes expectativas y demandas de la población, por la complejidad cada vez mayor de las actuaciones sanitarias, y por la repercusión en los medios de comunicación de cualquier cosa que tenga que ver con la salud. Es probablemente en los lugares donde la presión es mayor, como en los servicios de urgencias, donde la mezcla entre ansiedad, estrés e incertidumbre por ambas partes conduce a mayores conflictos, y a una visión desde cada lado de la barrera teñida de desconfianza y actitudes defensivas. Esta mañana, y al hilo de la experiencia de un compañero como usuario de dichos servicios de urgencia, reflexionaba acerca de la visión de nuestro mundo sanitario desde el otro lado de la barrera, y recordaba un mensaje que me mandaron hace meses con una serie de comentarios más o menos mordaces sobre los pacientes desde el punto de vista del personal sanitario. Aquello me pilló sensible, después de unas cuantas experiencias en urgencias y en hospitalización como acompañante de familiares cercanos, y no pude resitirme a completar el texto con la otra visión, la del otro lado de la barrera (en cursiva)

EL MANUAL DEL PERSONAL DE URGENCIAS: MODOS Y COSTUMBRES DE LAS PERSONAS QUE TRABAJAN EN UN SERVICIO DE URGENCIAS

1.- Utilice siempre que pueda el transporte público, o sea, la ambulancia.
Si te piden una ambulancia, pon cara de estar pagándola de tu bolsillo.
Intenta que el paciente se sienta culpable del gasto que origina, y minimiza sus dificultades de transporte y su problema de salud. Todos los pacientes exageran y les encanta ir en ambulancia, con lo cómodo que es.


2.- Vaya siempre con la cartilla en la mano y muéstrela a todo el personal, sanitario o no, que se encuentre en el hospital.
Si un paciente le intenta enseñar su cartilla, mire para otro lado. Si no lo hace, exíjasela y reconvéngale por no llevarla siempre en la mano.

3.- Comience a contar su historia clínica al personal de admisión.
El personal de admisión no está para escuchar qué es lo que le pasa a usted. Hable solo cuando le pregunten y no ponga cara de impaciencia en la cola, aunque tenga un cólico nefrítico, que estamos trabajando…

4.- Cuando vea al médico clasificador, primero le enseña la cartilla, cuando éste la rechace y le pregunte su nombre, no vocalice y dígalo lo más rápido posible. Procure no tener un nombre normal sino todo lo contrario (p.e. Margarito, Sandalio, Meteoro, Geodosio.....) Diga además la prueba que desea: TAS, electrograma, analís...
No se le ocurra preguntar al médico que le atiende su nombre (o a cualquier otro miembro del servicio de urgencias). Es una falta de respeto y un secreto de estado. Trátele de usted, pero no proteste si le llama “majete” aunque sea usted un señor de 80 años. Antes de ir a la urgencia, cómprese y estúdiese un diccionario médico, y entrénese a pronunciar correctamente palabras como histerosalpingografía

5.- Ya en la sala de espera envíe a algún familiar a protestar porque lo suyo es una urgencia, está rabiando de dolor y otros que han llegado después, ya han pasado.
La sala de espera es un sitio cómodo y acogedor, incluso si tienes un dedo roto, un dolor de muelas o una crisis de ansiedad. Pongase cómodo, coja una revista y disfrute del momento.

6.- Deberá indicar a cual de las tribus nativas de la Isla de León pertenece:

ARAPAJOES (arapajoé me hase una radiografía )
POYAKES (poyaque estoy aquí me hase una revisión completa )
POYOASIS (poyoasí no me llevo al agüelo)
SIUX (siuxté lo dise dostó)
PASOPAGO (usté matiende ahora mismo que yo pasopago)
PIES NEGROS ( no hacen falta comentarios )

Cada miembro del personal de la urgencia debe identificar a qué grupo pertenece:

Los MÁRTIRES DE LA CAUSA: “señor, yo estoy aquí en sábado trabajando y no protesto, así que tenga paciencia”
Los simpáticos: “hola, campeón (agarrándole del moflete a un señor de 70 años con un cáncer terminal)..”; “qué majo te veo, ya verás, nos vamos a ir a tomar unos vinos juntos al salir de aquí…”
Los EDUCADOS Y RESPETUOSOS: “mira como huele la puta vieja…” (refiriéndose a una mujer anciana, demenciada, y que vive sola en su casa)
Los CATEDRÁTICOS: “pues tiene usted un algia en el hipocondrio derecho cuya probable etiología es litiásica; le vamos a hacer una ecografía axial de doble contraste, y después decidiremos si realizamos laparotomía o tratamiento conservador”…me lo repite, por favor? “vaya, es usted sordo o está atontado?. No tengo todo el día para estar dando explicaciones…
Los PASILLEROS: “su madre se va a morir, tiene un cáncer incurable, y no hay nada que hacer. La doy de alta hoy. Agur” (todo esto de pié, en el pasillo, y mientras vas andando lo más deprisa posible para que el familiar no piense que estás deseando cháchara)

7.- Una vez en el BOX no empiece a desnudarse hasta que no vaya el médico, si éste fuera mujer pídale la cuña.
Como todo el mundo sabe, una de las obligaciones del paciente, sea hombre o mujer, niño o anciano, es la de desnudarse nada más llegar a la urgencia y estar en pelotas delante de quien sea (incluyendo personal de limpieza), además se está mucho más cómodo en bolas, dónde va a parar.

8.- No se lave ni se cambie de ropa. ¡¡Podría enmascarar el cuadro clínico!! Si decide incumplir ésta norma lavará sólo la zona afectada.
Si estando jugando un partido de fútbol te rompes la tibia y el fémur, pasa primero por casa, dúchate y cámbiate. Si eres una persona anciana, vives en una casa en condiciones precarias y con problemas de movilidad, o estás en silla de ruedas y no tienes la casa adaptada, no importa. Dúchate 3 veces al día, por si te da un patatús, te llevan a la urgencia, y al médico no le gusta como hueles.

9.- Utilice ropa interior de grandes dimensiones: bragas submarinas, sostenes acorazados, fajas bunker....¡OJO! deberán llevar objetos metálicos para que queden reflejados fielmente en la radiografía.
Hay que diseñar un código de ropa interior que incluya calzoncillos calvin klein para los chicos, y tangas de color a juego con el resto de la ropa para las chicas. Dejar que cada uno se ponga la ropa interior que quiera es un escándalo y una muestra de la poca consideración del personal a los que nos desvivimos por ellos.

10.- Entre en el BOX con 6 ó 7 familiares. Sin embargo, si el médico les necesita deberán estar en la cafetería todos.
Organicen turnos para los familiares; solo permitan que estén 7 con el paciente si son de raza gitana, a los demás, chorreo. El familiar de turno ha de permanecer quieto y callado, a poder ser de pié, y sin molestar, durante su turno de 8 horas. Si tiene ganas de mear, debe pedir permiso humildemente al personal. La siguiente regla se aplicará siempre: un familiar, independientemente del tiempo que lleve esperando, solo será avisado en el mismo y preciso momento en que se vaya al cuarto de baño. Y es por su culpa.

11.- Los familiares no abandonarán el BOX hasta que el médico no se lo diga por tercera vez. Espere escuchando al otro lado de la cortina y participe asomándose en la historia contradiciendo lo que diga el paciente.
Los familiares deben marcharse de manera inmediata en cuanto vean llegar al médico. Al retirarse, deberán inclinarse respetuosamente, y salir de la habitación caminando para atrás, y sin dar la espalda, a la vez que musitan, “si Sr. doctor…”

12.- Cuando le pidan informes entregue el cartón de control de la tensión y si lleva algún informe médico deberá llevar el más antiguo y ajado (como los buenos vinos cuanto más tiempo más solera)
Aunque tenga usted 80 años, sea analfabeto (aunque haya trabajado desde los 10 años), medio sordo, y con cataratas, debe usted distinguir perfectamente, y en bilingüe, los diferentes documentos que se manejan en nuestra organización asistencial: volantes, cartillas de TA, cartillas de glucemias, analíticas varias, informes, etc. Y además debe adivinar por anticipado cuál le van a pedir, para no hacer perder el tiempo.

13.- No traiga nunca consigo la medicación que toma en casa, dé una descripción física de las pastillas o de las cajas (color, tamaño, forma, presencia de rayicas....). Si cree que recuerda el nombre de algún fármaco, omita alguna sílaba del mismo o dé una aproximación ( p.e. colocati o locati, finitrina, cafitrinica, dalá o lalalá, potén, tigretón, glucón 5,wendolin, aspirina fluorescente, dolotil...)
Hay que llevar siempre encima un documento con la medicación que tome por escrito; junto a él, deberá llevar tb el papel de la última ITV, la declaración de hacienda, el certificado de penales y la tarjeta travel. Es imperdonable que no se sepa usted de memoria el nombre de las 16 pastillas distintas que toma, incluyendo el cozaar plus, el enconcor, el hidrosaluretil, el dianbén, la cymbalta…etc. Y es normal que el personal asistencial nos partamos de risa si no acierta usted con el nombre…

14.- Su dolor será siempre continuo y en múltiples localizaciones.
Aunque le duela, no moleste al personal pidiendo analgesia; estamos trabajando y no podemos preocuparnos de memeces.

15.- Utilice su idioma propio con términos únicos como: estogamo, emblema de pulmón, docto rino, hernia fiscal, gataratas, cuajarones, zancajos.....
Cuando le pregunten por sus síntomas, utilice expresiones adecuadas: “tengo hipertermia, disfonía y astenia. He notado algunas molestias en la zona paraumbilical, y cierta constipación. Tengo antecedentes de hematemesis, y hace años sufrí un vértigo vestibular”

16.- Cuando el médico le está auscultando no deje de hablar. Si le dice que respire hondo sólo realizará una inspiración profunda, evitando la espiración o haciéndola de forma disimulada.
Cuando le ausculten y le digan “no respire”, no se le ocurra volver a respirar hasta que el médico se lo indique. Si se va a atender el teléfono, es mejor morir asfixiado, que dificultar la exploración

17.- Cuando un segundo médico de rango o edad superior al primero le pregunte por su historia clínica, afírmele signos y síntomas que le negó al otro médico.
Aunque por su habitación pasen 10 médicos distintos al día (el adjunto, el jefe, tres mires, otros tres mires de otra especialidad rotando, dos estudiantes de medicina, otro que está haciendo un estudio, el médico capellán, etc. etc), no se moleste y cuente pacientemente de nuevo su historia desde el principio. Sin embargo no se inquiete si ninguno de ellos responde a sus preguntas, o se acuerda de su nombre. Es mejor para usted no saber, y ser un personaje anónimo. Por otro lado, cuando quiera hablar con un médico, será imposible encontrar uno libre.

18.- Si por un casual, el gotero no cae o se está acabando, irá corriendo a avisar ¡la vida de su familiar está en peligro!..
Si el gotero se acaba, y el familiar se ha quedado dormido tras llevar tres noches de acompañante, hay que reprenderle severamente, instruirle de los peligros derivados y decirle que si no se puede confiar en él se vaya para casa. Si dice que si, que se va, decirle que a ver si se piensa que el personal está para vigilar los goteros…

19.- Evoque acontecimientos familiares (bodas, bautizos, comuniones...) cuando se le pregunte por sus antecedentes patológicos, pidiendo confirmación a su familiar.
No moleste al personal con cosas personales, conteste solo a lo que le pregunten, aunque esté solo, angustiado, y tenga ganas de hablar con alguien. No se moleste si los médicos y enfermeras pasan el tiempo de su visita hablando de sus vacaciones como si usted no existiera; tienen que relajarse de alguna manera.

20.- Cuando vea al doctor con el sobre del alta preparado, explíquele síntomas que nada tengan que ver con su cuadro clínico.
Cuando le vayan a dar de alta, no se le ocurra hacer preguntas si tiene dudas. Si quiere decir algo nuevo, váyase de alta, y vuelva de nuevo por urgencias.

21.- Nunca entenderá la pauta del tratamiento, por lo que deberá insistir a su médico para que le explique varias veces cómo ha de tomar la medicación, vuelva con el familiar mas 'listo' para que el médico se lo vuelva a explicar. Cuando ya se haya marchado, vuelva otra vez, y entre en el despacho de los médicos con el sobre en la mano para preguntar alguna tontería.
Los informes de alta, y las pautas de medicaciones están siempre perfectamente claros, incluso si no hay quien lo entienda. Por preguntar más veces no va a aclararse mejor, así que lo más indicado es que los días pares tome las medicaciones impares, y viceversa.

22.- Si su familiar tiene mas de 75 años, y sobre todo en verano, deberá negarse rotundamente a llevárselo (signo característico de la tribu POYOASI). Si a pesar de insistir que el abuelo/a ayer estaba bien, no consiguen que quede ingresado, exijan al médico que les consiga una residencia de ancianos gratuita para el abuelo/a, a pesar de que le quieren mucho.
Las personas de más de 75 años no tienen nunca nada grave, y es mejor que se vayan a morir a casa. Las circunstancias familiares y sociales de la persona no nos incumben. Por definición, todos los familiares de ancianos en la urgencia son unos jetas que solo quieren quitarse al viejo/a de encima. Bueno, esta regla tiene la excepción de si son nuestros padres los que están en la urgencia.

23.- Sea cual sea su estado general, o la gravedad de su patología, exija una ambulancia para volver a casa.
Si sale de la urgencia a las 3 de la mañana, está solo, no tiene a nadie que le lleve a casa, arrebújese en una silla de la sala de espera y duerma hasta que comience el horario de autobuses, sea cual sea su estado general, o la gravedad de su patología. Si no le entra sueño, siempre puede entretenerse viendo el trajín de la urgencia

24.- Cuando coja el ascensor para bajar a cualquier planta, entre a pesar de que le digan que va hacia arriba y grite en voz alta 'que todo lo que sube baja'.
Coger un ascensor en un hospital, y que te lleve a la primera a la planta que deseas, es un mito; tal situación va contra el orden del universo. Incluso va contra el orden del universo que el ascensor, a la primera, vaya en la dirección que deseas (subirá si quieres bajar, bajará si quieres subir, y además parará, sin motivo aparente, en todas las plantas)

domingo 19 de julio de 2009

Lo hacen bien, no crean problemas y son majos: Hacia una eupsicología del enfermo mental

El idioma inglés se caracteriza por palabras y expresiones que han hecho fortuna en castellano, a pesar de que en muchas ocasiones están traducidas literalmente. No voy a poner ejemplos, porque parecería más pedante incluso de lo que soy, y de lo que sin más artificio ni aparato denota la temática y el título de esta entrada. Pero sí voy a centrarme en una construcción interesante: La que adosa al omnipresente verbo TO DO el adverbio de modo WELL. Es una expresión que deberían traducirse mediante las expresiones en español “ ir bien” o “evolucionar adecuadamente”, o incluso “satisfactoriamente”. Lo que me hacen traerlas a este blog, creado y mantenido por psiquiatras (qué se le va a hacer) es que no es raro encontrarla en los casos clínicos y cartas al director para describir cómo ha ido/evolucionado/ se ha desarrollado un determinado caso después de la intervención diagnóstica/terapéutica/ accidental que se describa esa pieza de literatura psiquiátrica.
Cada vez que se aproxima uno a otro idioma, aunque tenga un razonable conocimiento del mismo, corre el riesgo de traducir literalmente sus expresiones. Por ejemplo, uno podría traducir erróneamente TO DO WELL como “hacerlo bien”, lo que tiene un tufillo moral del que carece en el original inglés. Más aún, algunos trabajos emplean la expresión paralela “TO DO BEAUTIFULLY”, que en un spanglish psiquiátrico podría convertirse en “hacerlo bonito”, lo que une a la connotación moraloide un elemento estético muy curioso.
Ahora bien, más allá de la anécdota, uno tiene la impresión de que el hecho de que un psiquiatra español traduzca erróneamente la expresión tiene mucho que ver con el poso que en nuestro subsconsciente siguen teniendo las clásicas instituciones psiquiátricas. Esos grandes hospitales, masificados, en los que se ha construido el saber (o no saber) psiquiátrico, nosocomios donde los grandes clínicos aislaron los principales síndromes y donde se pusieron a prueba las técnicas terapéuticas más eficaces y también las más disparatadas. Esos manicomios que hoy criticamos, con el aire del enteradillo que se permite juzgar retrospectivamente a personas que no disponían de los conocimientos que hoy creemos válidos y sólidamente fundamentados, y en donde los pacientes eran sometidos a unas rutinas y a unos tratamientos (o no tratamientos) que consideramos inapropiados y deshumanizantes desde atalaya de prepotentes profesionales de nuestros días. Sin embargo, en la modesta opinión de quien suscribe, ese modelo asistencial, más de correccional o de internado rottenmeyeriano, impregna, por mucho que no queramos notarlo, la práctica cotidiana en los más modernos, renombrados y qudeorificables centros de nuestros días.
Un ejemplo son las frases como “satisfactoriamente adaptado” o “no crea problemas”, que se han expandido desde los centros de larga estancia a otros dispositivos de internamiento menos prolongado. También hay que hacer referencia en este sentido al muy abstracto concepto de “majo”, que se aplica a ciertos enfermos y que nada tiene que ver con su acepción goyesca. Hace unos años, cuando trabajaba en un centro de media y larga estancia, una paciente que pretendía que le aumentara sus salidas, me dijo “doctor, me tiene que hacer caso, que llevo una temporada muy maja”, lo que para ella, buena conocedora de la filosofía asistencial del centro, representaba un argumento incontestable en apoyo de su demanda. Deducimos, pues, que el paciente “majo” es el que no genera quebraderos de cabeza, el que se adapta al medio institucional, sin provocar contratiempos. No hace un mes que desde una moderna y prestigiosa unidad de agudos me han justificado el alta de un paciente aduciendo que estaba “majo”.
Todo este rollo pretende sustentar mi convicción de que cuando traducimos “do well” por “hacerlo bien” estamos perpetuando el modelo asistencial que creíamos (fantoches de nosotros) corregido y erradicado. Y ahora no hay monjas a las que culpar de nuestra actitud paternalista y un tanto desidiosa.
Pero al margen de retratar nuestro egoísmo y nuestras carencias, estas expresiones sugieren un vasto campo que reclama nuestra atención científica. Estos vicios nuestros revelan que existe entre los profesionales psiquiátricos (y enfermeriles o psicológicos), un saber compartido acerca de lo que es el buen paciente, o el paciente adaptado, el eupaciente, si vale el término. Por lo tanto, hay desarrollar una rama del saber asistencial que estudie, clarifique y defina los conceptos de “hacerlo bien” y “no crear problemas”, al tiempo que avance en la identificación y conceptualización del paciente “majo”. Alcanzaremos el clímax científico el día que seamos capaces de elaborar unos criterios operativos que permitan etiquetar de majo a un determinado paciente con un elevado acuerdo interobservadores. Me atrevería a proponer para esta nueva disciplina, para este auténtico reto epistemológico, el nombre de Eupsicología Institucional. Sería un área que complementaría, sin sustituirla, a la clásica Psicopatología, porque estar “majo” no implica carecer de síntomas. Si mis conocimientos de griego lo permitieran, propondría también nombres técnicos para “majo” o para transmitir, en una sola palabra, la idea de “no crear problemas” tirando de vocablos y prefijos helenos. Lamentablemente, no lo permiten.

lunes 18 de mayo de 2009

Athletic, Athletic.....EUP!!!!!!!!!


Aunque llevemos unas semanas sin dar señales de vida, no nos hemos perdido. Y tras vivir un acontecimiento excepcional, solo posible en Bilbao, lugar en el que las grandes derrotas se celebran con paseos triunfales, ahí va una sentida entrada de D H Logan, bilbaíno en el destierro alavés.

Seve Zuazo, integrante de la mítica plantilla del Athletic entrenada por Mr Barness e inmortalizada en el cuadro de José Arrue, pasó a la historia por ser el primer jugador que tocó el balón en San Mamés. Pero en la humilde saga de mi familia aparece también por haber sido compañero de pupitre de mi abuelo (teniendo en cuenta que éste se apellidaba Albéniz, queda claro que en la escuela de Albia de Bilbao, a finales del XIX, no se distribuía a los alumnos por orden alfabético). Mi padre fue socio del Athletic, y mi madre, posiblemente una de las más devotas fans que haya tenido jamás Piru Gaínza, fue hasta que se casó “señorita abonada” (al igual que sucede hoy en día en ciertos txokos o sociedades, la pertenencia al club, en aquellas fechas, estaba vetada a las mujeres). Mis hermanos y yo hemos sido asiduos a San Mamés en diversas modalidades (socio, aficionado de a pie, abonado...). Yo mismo fui abonado de grada Norte dos años, precisamente, los dos en que el Athletic se proclamó campeón de Liga en los 80, lo que pongo en conocimiento de la directiva por si en el momento en que llegasen a ser ineficaces las peregrinaciones ante la Virgen de Begoña pudieran considerar la posibilidad de acercarme al campo todos los domingos, lo que por cierto tendría el valor añadido de convertirme en talismán laico, con el consiguiente valor añadido de lo que en estos tiempos es políticamente correcto. Pero, es que siendo de Bilbao, ¿cómo no íbamos a ser toda la familia del Athletic?

Esta semana, después de 24 años sin jugar una final y uno más sin conseguir un título oficial, el Athletic se ha jugado la Copa del Rey en Valencia contra el Barcelona. A pesar de haber sido apalizado por el que pasa por ser el mejor equipo de Europa en estos momentos, la afición ha recibido a los jugadores con un afecto y una efusión que ha sorprendido, cuando no incomodado, a la propia plantilla.

En las semanas anteriores se había hinchado una burbuja de ilusión en Bilbao y en toda Bizkaia, como lo atestiguaban la infinidad de balcones engalanados con la bandera del Athletic, los muchos actos organizados, la profusión de camisetas por las calles o simplemente ese optimismo fanfarrón tan bilbaino que se venía enseñoreándose de los seguidores incluso antes del que el equipo superase la semifinal, y que no se vino abajo ni siquiera en las jornadas en que los sucesivos tropiezos ligueros hacían temer por la continuidad del club en la Primera División. Pero si el gozoso calentamiento previo a la final, la peregrinación de seguidores a Valencia, o los festejos previos a la final parecen fáciles de entender, no deja de ser un contrasentido festejar una derrota que, además, reflejaba el estallido de esa burbuja, el choque crudo con la realidad de un equipo que en los últimos años aspira como mucho a mantenerse en la mediocridad. Para quien pudiera pensar que la hinchada del Athletic tiene algo de masoquista, o que se conforma con ser cola del León que fue, hay que aclarar que el festejo, en realidad, conmemoraba que había habido una posibilidad de festejar un título y supuso sobre todo el reconocimiento a la entrega incondicional de los seguidores del club. La plantilla, los jugadores, venían a ser un pretexto para felicitarse por haber disfrutado de una oportunidad que hacía mucho tiempo que no se disfrutaba. Al igual que hacer camino puede ser más en ocasiones satisfactorio que llegar a la meta, vivir la ilusión de ganar puede compensar a veces la derrota.

Bill Shankly, un escocés que jugó y entrenó al Liverpool, afirmó que contrariamente a lo que algunas personas creen, el fútbol no es una cuestión de vida o muerte, sino mucho más que eso. Es posible que Shankly quisiera decir que hay que tener una motivación o una preocupación para dotar de sentido y significado a la vida: una pasión. Pues bien dudo que haya en el mundo una ciudad y una provincia en la que se sienta tanto a su club de fútbol, o si se quiere, que se apasione con esa intensidad y constancia fiel. Algunas ciudades no son lo suficientemente grandes como para crear el bullicio que se crea con el Athletic. Otras, como Madrid o Londres, tienen que repartir querencias entre varios equipos, algo que no ha sucedido en Bizkaia ni en los mejores tiempos del Arenas de Getxo, el Indautxu, el Barakaldo o el Sestao. Pero tampoco hay esa afinidad entre la población y el equipo en ciudades grandes que como como Barcelona, Liverpool o Manchester cuentan con un club claramente dominante en el afecto de sus ciudadanos. La identificación de Bilbao y Bizkaia con su equipo, ese sentimiento de que el Athletic, como canta su himno, pertenece a Bilbao y a Bikaia (zu zara geuria), es única. Tal vez se deba a la gloriosa historia del Athletic, que también permitió que fuera conocido y querido en toda España, con peñas de fervorosos seguidores en lugares muy alejados de Bilbao. O a la obstinación por contar sólo con jugadores vascos, esa limitación autoimpuesta que recorta su competitividad y que fue definida por “L'Équipe” como “un caso único en el fútbol mundial”. Una tradición, a la que últimamente se llama “filosofía” (peculiar término, sin duda, para designarla), que en otros momentos se definió como “política de cantera” y que da la impresión de que a menudo tiene más de política que de cantera. Una actitud que está provocando los clubs y los aficionados de los caladeros geopolíticos del Athletic (Real Sociedad, Osasuna, Alavés) aborrezcan cada vez más al club de San Mamés que, chequera en mano, pretende llevarse prepotentemente los jugadores con presente o con futuro que no obtiene en su propia escuela de fútbol. Pero también una actitud tan enraizada y tan asociada a la esencia del Athletic que la mayoría de sus seguidores se mantiene firme en su negativa a “abrir el mercado” a pesar de ser la causa de que en los últimos 20 años y salvo excepciones muy ocasionales, la marcha del club se haya caracterizado por una languidez y una pobreza preocupantes. Así es el Athletic. Así, se supone, seremos sus seguidores. Y que sea por muchos años... y por muchas generaciones de mi familia, claro. Y cada vez que el futuro nos de la menor oportunidad festejaremos la alegre convicción de ser del Athletic.

domingo 29 de marzo de 2009

Sobre la contribución de la Ley a las turbulencias de la adolescencia

La adolescencia es una época de la vida especialmente turbulenta, y tan incierta que ni siquiera están claros sus límites cronológicos. Desde el punto de vista biológico, al conocimiento clásico de los cambios hormonales que la caracterizan se ha asociado en los últimos años el descubrimiento de que en esta edad de la vida se remodelan las conexiones sinápticas, lo que se ha relacionado con la eclosión en la adolescencia y en la primera edad adulta de enfermedades como la esquizofrenia. Desde el punto de vista psicológico y social, el adolescente es un individuo en transición, que adquiere conocimientos, roles, derechos y autonomía económica de una manera gradual, en un proceso no siempre armónico que para las teorías que relacionan la ontogenia humana con la filogenia y la historia de nuestra especie se asimila a los vaivenes, excesos, sufrimientos y convulsiones de la época romántica.
En los últimos años, a la confusión propia de la edad se está añadiendo una dosis extra de desorden y caos desde las instancias y legislaciones que precisamente pretenden dotar al adolescente de un marco normativo que garantice la protección de sus derechos y la edad a partir de la cual se le puede considerar capaz para tomar determinadas decisiones. Puesto que la adolescencia es un proceso vital de maduración biológica, psicológica y social, puede aceptarse a priori que las diferentes capacidades se adquieran en momentos diferentes. Ahora bien, las disposiciones existentes al respecto (ya sean civiles, penales o sanitarias) parecen un tanto erráticas, lo cual ha quedado especialmente en evidencia con la reforma de la legislación sobre Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE).
El adolescente menor de edad (precisión necesaria, ya que hay quien dice que este periodo vital se extiende hasta los 20 años) no puede votar. Tiene vedada la posibilidad de obtener el permiso de conducir, no puede comprar tabaco ni alcohol y desde el punto de vista penal, su responsabilidad está matizada y la respuesta a sus actos delictivos es diferente que la que recibiría si tuviera 18 años cumplidos. Por otra parte, parafraseando al Código Civil, no puede “tomar dinero a préstamo, gravar o enajenar bienes inmuebles y establecimientos mercantiles o industriales u objetos de extraordinario valor”.
Sin embargo, la legislación civil ya prevé que el adolescente, a los 16 años, pueda emanciparse, mediante el matrimonio, por concesión de quienes ejerzan la patria potestad o por concesión judicial (lo que implica una valoración individualizada del sujeto por parte del Juez). También se considera emancipados a los hijos mayores de 16 años que viven independientemente de los padres con el consentimiento de éstos, con la salvedad de que dicho consentimiento es revocable (es decir, los padres pueden “desemancipar” a sus vástagos). Asimismo, el Juez puede conceder la emancipación de los hijos mayores de 16 años, si éstos la solicitan y previa audiencia de los padres en tres supuestos: cuando quien ejerce la patria potestad contraiga nupcias o conviva “maritalmente” con una persona que no sea el otro progenitor; cuando los padres vivan separados; o siempre que existan circunstancias que dificulten gravemente el ejercicio de la patria potestad.
El menor emancipado por matrimonio puede “enajenar o gravar bienes inmuebles, establecimientos mercantiles u objetos de extraordinario valor que sean comunes” si su cónyuge es mayor de edad y siempre que consientan ambos. Si los dos cónyuges fueran menores, será necesario, además de su consentimiento, el de los padres o curadores de ambos. Es decir: aunque es causa de emancipación, el matrimonio confiere una mayoría de edad muy relativa, en especial si ambos cónyuges no han cumplido los 18 años.
En el ámbito sanitario el ciudadano es mayor de edad hasta los 16 años, momento en que es firme su derecho al consentimiento informado. Ahora bien, la norma que lo regula (Ley de Autonomía de los Pacientes) es un tanto “segurolas” a este respecto, ya que establece que en actuaciones sanitarias “de grave riesgo” (concepto para el que la ley no aporta ninguna definición) el médico debe consultar a los padres y tener su opinión en cuenta (tampoco se aclara en qué consiste ese tomar en cuenta la opinión parental). Esta disposición es la culminación del derecho a ser oído que según el mismo texto tiene ya el sujeto a los 12 años en todas las decisiones sanitarias que le afecten. Esta capacidad sanitaria plena hace que a los 16 años un menor pueda decidir sobre tratamientos polémicos como la contracepción programada o de urgencia.
Para liar la cuestión más: ya a los 12 años, el sujeto puede negarse a participar en un ensayo clínico, tal y como se dispone en el Real Decreto 223/2004, de 6 de febrero, por el que se regulan los ensayos clínicos con medicamentos, que hace necesario el consentimiento del sujeto a partir de esa edad. Pero hasta los 18 años, si requiere hospitalización psiquiátrica, deberá ingresar en una unidad específica infantojuvenil, según fija la Ley Orgánica 1/1996, de 15 de enero, de Protección Jurídica del Menor. Ahora bien, este texto no se pronuncia en absoluto sobre los dispositivos comunitarios que han de atender al adolescente, que se organizan según el mejor criterio de cada servicio asistencial. En el caso de la provincia de Álava, que es la que un servidor conoce, el programa extrahospitalario de Psiquiatría Infantojuvenil engloba a las personas que no han cumplido 16 años, lo que quiere decir que en el marco ambulatorio los ciudadanos (o ciudadanas) con 16 años cumplidos pero que no tengan aún los 18 son atendidos en los programas de Psiquiatría de adultos. En otras palabras: De los 16 a los 18 años se es junior en lo que a hospitalización se refiere pero se es senior en la comunidad.
Ahora bien, según la Ley de Autonomía de los Pacientes, a los 16 años todavía no se puede consentir en aspectos como el trasplante de órganos o la cirugía de cambio de sexo, y según la normativa catalana hasta los 18 sería necesario el consentimiento paterno para colocarse un piercing. Seguramente para una persona de, pongamos, 17 años, ponerse un piercing es una decisión de cierta trascendencia que hace necesaria la participación parental, pero ésta no será necesaria si se mantiene la redacción de la reforma de la normativa al respecto, para interrumpir el embarazo si la mujer tiene 16 años cumplidos. La ministra de Igualdad ha justificado esa novedad afirmando que “si se pueden casar con esa edad, también pueden abortar”, un argumento tontorrón que ha sido contestado por personas de su propio partido, como el expresidente de la Junta de Extremadura, Juan Carlos Rodríguez Ibarra.
Aparquemos momentáneamente esa polémica y retrocedamos biográficamente hasta los 14 años, edad a la que el adolescente ya puede testar, según una disposición añeja del Código Civil. Y por lo que se ve, entre los 12 años, en que puede sentarse en el asiento delantero del coche, y los 13, siguiendo al artículo 181 del Código Penal, la persona adquiere la capacidad de consentir las relaciones sexuales, aunque según se infiere del artículo 183 del mismo texto, desde esa edad hasta los 16 es vulnerable al engaño en esta materia.
Toda esta maraña normativa puede complicarse aún más si consideramos las disposiciones legales que obligan a los padres a proteger a sus hijos. Por ejemplo, mientras conserven la patria potestad han de velar por que la información que reciban los menores sea veraz (Artículo 5.2 de la Ley Orgánica 1/1996 de Protección Jurídica del Menor), lo que parece chocar con la idea de que la IVE pueda llevarse a efecto sin conocimiento paterno. Es más: en relación con esta disposición hay quien afirma que en el supuesto de que una menor que abortara tuviera complicaciones graves, sus padres deben denunciar a quien hubiera practicado la intervención. Y eso sin entrar en consideraciones sobre la oportunidad, incluso la moralidad, de favorecer soluciones a embarazos no deseados en adolescentes en lugar de promover una prevención racional y madura que, de paso, evitaría complicaciones que ciertamente no resuelve la IVE, como es el contagio de enfermedades de transmisión sexual.
Aunque la idea de que cada capacidad o competencia se adquiera en momentos diferentes es perfectamente lógica y compartible, este repaso al panorama normativo español causa perplejidad y sugiere que el legislador está afecto de una cierta empanada que le lleva a incurrir en contradicciones, de las cuales no es la menor la muy frecuentemente invocada de la generosa atribución de derechos al adolescente en comparación con su escasa responsabilización, en particular, en materia penal. Mientras no se armonicen con una cierta lógica todas estas disposiciones no podemos descartar que lejos de aclarar las cosas y facilitar la maduración del individuo contribuyan en cambio al desorden y a la desorientación que caracterizan a la adolescencia.